Mi vida con Asperger

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Soy Joaquín y he nacido con asperger. Mi vida puede parecer sencilla, tengo un familia, hermanos, mamá y papá. Todo era tranquilo, no había ningún tipo de conflictos en mi vida.

Yo quería mucho a mi madre, y también a los demás de mis hermanos y padre. Durante ese tiempo, cuando yo tenía entre unos 3 o 5 años. Mi madre era principalmente quien cuidaba de mí y de mis hermanos, mientras que mi papá estaba muy lejos en su trabajo, por lo cual estaba acostumbrado a no verlo siempre.

Tuve la oportunidad de conocer a otros niños, fui llevado a un jardín común,  como todos  los demás en ese tiempo. Yo era algo escandaloso y ruidoso, por lo que algunos de mis profesores no tuvieron más opción que dejarme afuera del salón, y ponerme a empezar a correr por todo el pasillo o el patio del lugar. No había nadie, y los demás seguían todavía en el salón. Eso no me importaba en lo absoluto, ya que cuando yo estaba afuera, seguía siendo hiperactivo, porque afuera del salón, había un tobogán. Era como mi castillo, incluso nadie me lo podía quitar.

Cuando otros ya podían salir del salón, tenía la oportunidad de jugar con ellos. No estaba feliz, pero tampoco enojado cuando ellos me pedían el tobogán. Pero cuando yo acepte que podían jugar al tobogán, ellos luego me lo quitan como si nada. No tuve ningún problema en dejarlos jugar unos momentos al tobogán, pero cuando ya pedía mi turno para que yo me volviera a tirar, ellos solo no me prestaban atención. Cuando tenía la oportunidad de usar el tobogán, uno solo se colaba y me quitaba el turno con un empujón o tirón atrás. En esos momentos, ya me sentía inseguro de los demás. Yo compartiré con los otros, si estos hicieran lo mismo conmigo. Pero ellos solo eran unos oportunistas. Una vez ya les entregas algo a un grupo de niños, estos no te lo van a soltar si tú no eres como ellos.

No parecía preocuparle a ningún profesor, no le agradaba a ninguna tía de los salones, o a mis compañeros. Mínimo, tuve la suerte de poderle hablar con el encargado de limpieza. Yo lo podía considerar un nuevo amigo, ya que además de poderme hablar sin ningún problema, incluso jugaba conmigo.

Yo comencé a sentirme solo. Aunque no me sentía nada bien con lo que me pasaba, yo quería hacer lo que los demás hacían. Quería jugar con ellos a las escondidas, a las atrapadas, al congelado, etc… pero sin embargo, nadie aceptaba que jugase con ellos, ya que ellos decían, que ya estaban listos y que no dejaban pasar a más jugadores. Pero cuando apenas entendí eso, llegan otros niños, y se unen al juego. A lo que él mismo niño que me negó jugar antes, deja que los otros entren al juego.

Estaba aislado de los demás. No jugaba con nadie, y ningún profesor me quería hablar directamente. Yo desde entonces, comencé a romper algunas reglas. No era para hacerlos enojar y hacerles daño, era que si no me hacían caso, pues yo tampoco lo haría con ellos. Unos días pasaron, y nuevamente, estaba afuera del salón de clases en mi solitaria fortaleza.

Un dia me dieron ganas de ir al baño. No sabría cómo, pero en ese día, después de salir del baño, iba corriendo por todo el lugar desnudo. Cuando los adultos dejaron salir a los demás niños a recreo, estos solo quedaron impresionados. Las profesoras querían detenerme, y mis compañeros solo se reían a carcajadas por el espectáculo que montaba. Era como el gato y el ratón, y en esa ocasión, mi maestra era obviamente el gato. Pero aunque yo fuera el ratón, ella no me alcanzaba.

Me sentí genial, era el más rápido. No me daba vergüenza correr desnudo a esa edad, y debo de admitir, que fue la mejor idea que tuve durante mucho tiempo.

Muchos empezaron a hablar de mí, diciendo de lo divertido que fue ese día. Luego de todo eso, me retiraron a mi casa, y creo que sin ningún castigo. Al día siguiente todo era normal y mis compañeros apenas me reconocían como el niño que corría desnudo. Llame demasiado la atención durante mucho tiempo, que incluso otros ya empezaban a jugar conmigo. Eso fue hasta que ya se hartaron de mí, porque como ya no volví a hacer otra locura, los demás se fueron distanciando. Yo solo les agrade por ser poco popular, ya que de otra forma, no hubiera podido tener la oportunidad de poder hablar con los demás del curso”.

Desde ese entonces, estuve quieto de problemas. No volví a hablar con los demás, y tampoco a meterme en travesuras. Siendo honesto, incluso yo de pequeño tenía un poco de miedo a mi profesora.

Joaquín

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