Y la jueza Habló

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Relato de la Primera Audiecia. Tribunal de Familia.

Esa mañana la jueza habló con absoluto desdén, apremiada por el tiempo y, con seguridad, sin haber leído los informes reunidos para la ansiada audiencia.

“….Su hijo no es inválido, usted tampoco. Ahora, entonces tendrá que buscar una actividad que le genere ingresos y, que sea compatible con las terapias y horarios de su hijo…”

Hubiese esperado un mínimo de empatía de género, al menos.

Seguro no debí emocionarme, no debí permitir que se quebrara mi voz minutos antes. Menos, debí distraerme mirando el cielo en búsqueda de alguna señal que indicara hacía lo correcto.

Sí señora magistrado, mi hijo no es inválido pero tiene una discapacidad cognitiva junto a otros temas médicos debido a su síndrome. Y, todo el avance que ha logrado podría retroceder si no se le sigue estimulando y acompañando como hasta ahora. Usted cree que de haberse presentado esa maravilla de empleo ¿no lo hubiese tomado ya? Obvio ni se lo preguntó, a usted le interesaba llegar a un acuerdo luego y no, si un niño se pierde en el proceso. Hubiese sido una pérdida para su valioso día pensar siquiera en lo que tuve que pasar para haber llegado  a esa instancia. Menos se le ocurrió cuestionar con quien quedó mi hijo esa mañana. A diferencia de mi marido, tuve que programar con tiempo su cuidado ya que, por su condición, no es un chico que se quede con fácilmente con cualquier persona.

Señora Jueza, hoy mientras el padre de mi hijo inicia su rutina diaria, mientras continúa su crecimiento  laboral y social, mientras se prepara para ir al gimnasio. Me sigo preguntando dónde encontrar aquella actividad remunerada compatible  con el cuidado de “nuestro Hijo” después de 14 años dedicada al hogar, sin práctica ni actualización de conocimientos. De existir justicia ciega hubiese sido interesante escucharla instar a la contraparte a compartir las visitas al médico, las terapias,  las reuniones y actividades de colegio, a cuidarlo cuando se enferma, entre otros deberes de padre y madre.

Quizás mis decisiones de vida me apocaron, me restaron valor frente a esa empoderada mujer. Tal vez el llegar a ser Dueña de Casa de algún modo ofende a quienes toman otra opción. Es una pena que ante los ojos del feminismo actual, el optar por estos caminos en desuso seamos el “sexo débil” en esplendor, provocando contrariamente a lo imaginado, su frialdad y dureza al momento de juzgar.

Qué tristeza que ante cualquier  atisbo de “sumisión” estas guerreras de los derechos de la mujer las lleven a pisotear y a criticar sin piedad a sus congéneres. Es tal la magnitud de su reacción que sobrepasarían incluso al más férreo machismo. Qué tristeza que en los momentos en que más indefensas nos sentimos nos hagan sentir aún más miserables.

Por favor no me malentiendan, sin duda hay mujeres que han podido lograr un equilibrio entre ser madres y profesionales; les tengo la más absoluta admiración. Como también existen dueñas de casa que descansan todo el día y/o abusan de los servicios y regalías públicas para sentarse a conversar en las plazas. Pero los jueces deberían tomarse al menos una hora antes de cada audiencia para “estudiar” el caso. Y no influir con su frialdad y premura, a que las partes lleguen a acuerdo. Sería, tal vez, demasiado humano pensar en que muchos viéndonos intimidados por la seriedad y, nerviosos por lo desconocido terminamos exhaustos accediendo por cansancio a lo que sea.

Sí, me siento abatida; Sí, han sido mis decisiones las que me llevaron a este momento; Sí, asumo mi culpa. Sí,  porque así lo quise y porque lo haría mil veces más, por el sólo hecho de ver a mi hijo alcanzar sus metas como hasta ahora lo ha hecho.

Para concluir puedo decir fehacientemente que los sacrificios que se hacen en la vida no tienen menos mérito por haberse realizado con amor. Aún no sé si a lo que me enfrenté fue un dejo de machismo o una aberración feminista que en la búsqueda de la igualdad sólo han logrado hacerleas más facil el trabajo a los tan “despreciados hombres”

Laura